Sergio Armando Castillo

Un quijote de las letras: David G. Monroy

2019-10-09 - Sergio Armando Castillo


David García Monroy llegó a Chihuahua en sus veintes, cuando llevado por su vocación misionera recorrió los más de mil kilómetros que separan esta ciudad de su natal Irapuato.



Pero la efervescencia del ‘verano ardiente’ de 1986, cuando se denunció fraude electoral contra el panista Francisco Barrio y se dio el triunfo a Fernando Baeza, lo marcaría: Las protestas y el movimiento ciudadano de resistencia civil, con cierre de carreteras y de puentes fronterizos, hicieron que Chihuahua fuera el segundo estado en tener un gobernador de partido distinto al presidente. Eran años de opinión pública polarizada y él, como reportero del Diario de Chihuahua y Novedades, de las fuentes política y laboral, vivió activamente el alboroto.
La cobertura de personajes como Manuel Bartlett y Heberto Castillo, ruedas de prensa de Prieto Luján o Mario Tarango eran habituales. Entrevistar al Profe Becerra, Dizán Vázquez y Adán Sigala como líderes de opinión era la cobertura. Se le recuerda polémico, vehemente, apasionado, pero sobretodo ‘leído’: como dicen en el Norte. Siempre con un libro de Tocqueville, Bobbio, Paramio...
“Batalló con la objetividad” de sólo hacer la nota y con la cuota de cuatro entregas diarias que en aquel entonces exigía la redacción. Aunque siempre fue más analista. Y tenía una particular forma de encontrar y narrar virtudes en personajes y políticos que para otros eran personajes comunes.
Algo apartado, “ave de plumaje raro”, a quien la fauna de la fuente se acostumbró. Le gustaba filosofar y era poco entendido por sus colegas: quienes no refutaban sus divagaciones porque debían correr a entregar sus adelantos.
En su juventud fue predicador de la congregación de los Testigos de Jehová, culto que dejó más adelante. Nunca se casó ni tuvo hijos. Soltero y poeta, escribía de sus amores platónicos. En sus visitas a la Ciudad Deportiva, donde corría, se fijó en una chica a la que nunca le habló y a quien incluyó en sus versos. De tez morena y con facciones duras, era bohemio y cuentista, tocaba guitarra para los más pequeños, ayudaba a niños de la calle: a quienes se pudo ver en su velorio para despedirlo y agradecerle que los hubiera iniciado en la lectura.
En los noventas dejó de reportear en la calle, fue empleado del Servicio Postal Mexicano hasta el final de sus días, y comenzó a escribir columnas y artículos, lo que le permitió desarrollar su vena analista. Se enorgullecía de haber desfilado un 1º de Mayo por la Plaza Hidalgo al lado de los ferrocarrileros. Adoraba a Don Fidel, dicen.
David hacía prédicas sobre Gramsci, intelectual italiano, y las aterrizaba haciendo atractivos sus textos de opinión, lo que le dio un lugar entre los lectores de Chihuahua. Era muy creativo y muy leído. Se ganó el respeto. Y nunca cobraba por sus artículos. Repudiaba a la derecha clerical, aunque en el gobierno de Barrio reconoció un panismo democrático. En últimos años, arremetió contra la izquierda radical a quienes comparaba con Robespierre. Y en 2006 validó a Calderón.
Su última colaboración fue una columna dominical llamada Lotería política, en El Diario. Cuyas entregas vinculaba a alguna de las cartas del juego.

Su última polémica, arremeter contra la figura de Villa en donde siempre fue enaltecido.
Hasta que lo asesinaron mientras bebía una cerveza el 9 de octubre de 2008. Las ráfagas de una metralleta lo alcanzaron cuando un comando que se identificó como AFI ingresó en el Bar Río Rosas y arremetió contra la concurrencia y mató a 10 personas más. David vestía de jeans, playera y tenis.
Fue un hombre austero consigo mismo. Se le recuerda como un hombre bondadoso y modesto, orgulloso como todo pensador.
A él era fácil encontrar por la ciudad con un libro raro bajo el brazo, del que se jactaba, con una amplia sonrisa, de haber conseguido en una ganga. Nunca usó un auto. Siempre iba en bicicleta, y la última que tuvo quedó amarrada a uno de los postes de la entrada del bar donde murió. A la deriva.
Al parecer su asesinato fue accidental. Estaba en el lugar y momento equivocados. Aunque la autoridad no ha concluido la investigación y sólo informó que perseguían a cuatro sujetos. De modo que la justicia para David García Monroy está pendiente.
Empero la recomendación de sus huestes, amigos e incluso su hermano, que hoy es articulista en el periódico en el que David trabajaba, es rescatar y reunir sus textos. No permitir que desaparezca la historia del periodismo regional.




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