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Domingo, 23 de julio del 2017
A Dios sea la gloria.

Sergio Armando Castillo

TRIBUTOS NADA RIMBONBANTES…

2017-03-09 - Sergio Armando Castillo


Varios personajes, quizá no con nombres rimbombantes como algunos acostumbran exaltar, pero para mí eso es lo de menos, fueron ciudadanos importantes que se han ido de la vida terrenal, cada uno en sus ámbitos de vida y radio de acción.


En algunos de los casos que aquí comparto, como en tantos otros que pueden pasar desapercibidos, por lo general se trata de "héroes anónimos", actores modestos, que, sin embargo, desempeñan papeles preponderantes y hacen una labor encomiable.

 

En esta ocasión, voy a abordar brevemente a cuatro chihuahuenses; dos hombres y dos mujeres, quienes han dejado huella imborrable en la comunidad, y son dignos merecedores de mención pública y reconocimiento cabal.

 

El primero, es el profesor Atalo Sandoval, a quien tuve la fortuna de estimarlo y considerarlo amigo sincero. A él, de reportearlo, entrevistarlo y alguna vez hasta criticarlo periodísticamente, pase a estimarlo, porque sencillamente supo aceptar y tolerar los cuestionamientos de prensa, cuando éstos fueron sustentados.

 

En algún tiempo fue perredista, y además creador y líder de un par de agrupaciones de la sociedad civil, en defensa de intereses de grupos vulnerables, más allá de signos partidarios y políticos, aunque siempre fue un buen político, nato. 

Atalo abrazó desde joven el pensamiento y la acción de izquierda, y como todos los rebeldes, revolucionarios y tenaces, resultó incómodo al PRD en su momento, situación que lo orilló al ostracismo político, e incluso, a sumarse en alguna ocasión al PRI, lo que le valió, naturalmente, ataques y descalificaciones de las huestes “Cardenistas” chihuahuitas de la época. No obstante el “Profe” siguió adelante, liderando causas populares en diversos frentes, y más allá de su militancia en organizaciones políticas, lo que aquí debo patentizar, ante su ausencia perene, es simplemente su grandeza como persona, como ciudadano y amigo.

Otro destacado y honesto hombre, éste en la trinchera del deporte chihuahuense, lo fue Óscar Asián Ruiz, basquetbolista de los tiempos “dorados” de ese deporte en el estado, pero además, organizador y líder natural de dicha disciplina, por generaciones.

Muy poco puedo agregar de la trayectoria de Asián, la mayoría del “mundo” deportivo y hasta de un sector de la política en la entidad y allende de sus fronteras, conoció a este “guerrero” del deporte, su entrega y dedicación.

Empero, con todo y su gran personalidad y calidad, tanto como atleta y después en cargos directivos del Instituto Chihuahuense del Deporte, Óscar se distinguió por su sencillez, perfil bajo y trabajo constante y sin grandes aspavientos.

Con Asián Ruiz se fue toda una institución del básquetbol regional y nacional, a quien le conocí cuando redactaba algunas entrevistas de personajes destacados, para la Revista “Nuestra Gente” del gobierno del Estado en los años ochentas.

Luego, más reciente, por el año 2010, más o menos, a través de Heriberto Murillo, lo invitamos a la inauguración de un torneo de básquetbol  para trabajadores federales. Ahí tuve la fortuna de conocerlo mejor, como una figura importante, aunque en todo momento modesto y desinteresado de la publicidad.

Sin duda Asián, será recordado para la posteridad dentro y fuera de Chihuahua.

También se han adelantado en el camino, dos mujeres ejemplares, a las cuales traté den diferentes momentos, pero casi en circunstancias iguales.

Una de ellas, lideresa incansable, lo fue Guadalupe Juárez, a quien de cariño el priísmo de Chihuahua trató con cariño, siempre, como “Lupita”, no obstante la reciedumbre de su personalidad, entrona, dura, y hasta tosca.

Pero no solo eso hacía que “Lupita” Juárez, Presidente Seccional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), se destacara, sobre todo en las sesiones delos martes del Comité Municipal de ese partido, sino sus posturas nítidas, coloquiales y de gran sentido común, sobre la actuación de los dirigentes partidistas y los funcionarios emanados de esa organización política, cuando ambas camadas la “regaban” y de alejaban del precepto tricolor de “Justicia Social”, que aún siguen pregonando.

Lupita Juárez, al igual que otras líderes de barrios y colonias, toda su vida consiguiendo votos para el PRI, recibió un merecido homenaje hace unos días, ahí en “su casa”, el CDM priísta de la Progreso y Ocampo, donde cada martes de todas las semanas de su vida, asistió a reportar la “talacha” partidaria, con orgullo y prestancia.

En este mismo tenor, otra excelsa mujer que partió a “mejor vida”, fue Rosa María Rodríguez, también dirigente seccional del sector Santa Rita, madre de Tepatzín y Teocalli Hidalgo, entusiastas y dinámicos nuevos cuadros del PRI, ahora, con quien tuve suerte de platicar, convivir y conocerle de cerca.

“Rosy” fue una madre de familia esmerada, y al mismo tiempo, puntual y eficiente seccional de su partido, al que se entregó de lleno desde joven, en todo momento y época, disciplinada y laboriosa, también diáfano ejemplo para su hija e hijo, de lo que es la verdadera convicción de militantes políticos.

La recuerdo, como ayer mismo, trabajando en la coordinación de alguna zona territorial del antiguo distrito I, en la campaña de Manuel E. Russek Valles, a diputado federal en 1994, el mismo año trágico del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta y todo lo que vino después.

Ella como muchas otras lideresas de ese instituto político, de las buenas, de las auténticas, no de las (os) que medran con la necesidad de la gente en las colonias menos favorecidas, y con el chantaje a los gobernantes, merecen a cabalidad, homenajes y tributos sentidos y sinceros, y con más merecimiento y justicia que muchos políticos medrosos y corruptos, insensibles y ruines, a los que estas damas, de una  u otra forma, han llevado al poder, para abusar de él.

Descansen en paz Atalo, Óscar, Lupita y Rosy…




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