Luis Villegas Montes

RECULÓ (Ojo: está escrito con acento al final).

2018-02-19 - Luis Villegas Montes

Hace días, a partir de una crítica, contenida entre otros medios en un editorial suscrito por Jesús Silva-Herzog1 y al que aludí en este espacio la semana pasada, Andrés Manuel López Obrador reaccionó como acostumbra —y no voy a decir cómo porque podría dar motivo de desviarnos de asunto principal de estos párrafos—.


 

Me imagino que su exabrupto causó escozor en su equipo de imagen, le sugirieron que reculara y, contra todo pronóstico, reculó y pidió dijculpas a Jesús Silva-Herzog y Enrique Krauze.2

 

No obstante, el incidente dio pie para que Denise Dresser, aludida de manera directa por el Peje en su embestida, respondiera en forma abierta,3 en una misiva impecable que, entre otras consideraciones, apunta sus dudas sobre el tabasqueño, mismas que resume en tres rubros: sobre su congruencia, su temperamento y su compromiso para acabar con el pacto de impunidad vía la transformación institucional.

 

Hasta ahí la cosa marchaba pues se trataba de un diálogo intrincado, cierto; empero, marcado por la confrontación y el derecho de cada uno a decir lo que opinaba sobre la figura pública del abanderado de MORENA, el derecho de éste a disentir, su derecho a retractarse (total) y el derecho de los demás a repelar a los dichos del aspirante presidencial.

 

Donde torció la puerca el rabo —y ése es el motivo de estos párrafos— es la andanada que siguió, a cargo de algunos morenazos de corazón, morenos tardíos, newmorens, prietos (Ochoa dixit) y demás fauna que pulula en ese Partido, lanzada en contra de Dresser sólo porque se limitó a verter su opinión, en un asunto crucial (la candidatura a la Presidencia de México), sobre temas públicos, respecto de una figura pública y en respuesta a un ataque directo.

 

En términos generales y en su abundante mayoría, la respuesta fue de un solo tipo: la descalificación personal. Desde “vendida” y “panista de clóset” hasta “palera” y “enemiga del pueblo”; esos fueron algunos de los descalificativos que le lanzaron al rostro (¿por qué no se quitará la verruga?) con singular alegría. A mí Denise Dresser me cae gorda, como en general me caen mal quienes opinan a lo tarugo, sin información suficiente o sin reflexionar sobre sus dichos, pero eso no la descalifica como periodista ni la condena a “estar siempre equivocada”.

 

Creo que, en lo medular, ése es uno de los problemas más grandes de la izquierda mexicana en lo general; y del MORENA en particular: sistemáticamente se niegan a debatir. No puede uno disentir de ellos, no puede a uno desparecerle una cosa que a ellos sí les parezca porque ya hay pleito e intercambio de interpelaciones, en el mejor de los casos, o de “peladeces” en el peor.

 

Si habla uno de los corruptos, por ejemplo, de cómo le va a hacer para quitárselos de encima —porque en su administración sí los hubo (sancionadas y todo pero ratotas sí había)—, luego, luego, empiezan a sacarle los trapitos al sol o a pormenorizar las mañosadas, ciertas o inventadas, de todos sus adversarios, reales o supuestos, del interlocutor o de sus afines.

 

Un kilo de evasivas no es respuesta… diría El General.

 

Continuará…

 

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