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Sábado, 18 de noviembre del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular LVIII

2017-05-17 - Samuel Ochoa

Hace ya algunos años que es costumbre hacer un sorteo anual, o más insaculación como lo llaman las autoridades, para elegir en el marco del Día del Niño a un representante infantil de casi cada uno de los puestos de funcionarios públicos que hay en el Estado, incluso también de organismos descentralizados y otros entes, aunque no me pondré a detallar mucho ese tema.


En el más reciente evento de esta naturaleza, estoy seguro que a más de uno de los que estuvimos presentes en la rueda de prensa donde presentaron al “Gabinete Infantil”, uno de los pequeños dijo que había sido elegido no solo por sus buenas calificaciones, sino por su escrito en el cual manifestaba la desigualdad y falta de oportunidades que tienen los niños mexicanos por no tener acceso en la mayoría de las escuelas públicas a clases de inglés ni de informática, elementos fundamentales hoy en día para la mayoría de los empleos en grandes empresas, o si se quiere tener oportunidad de crecimiento.

Debo aceptar que parecían ideas un poco elevadas para un niño de apenas 11 años, incluso  muchos pensamos que fue su papá el que le hizo ese favor, pero luego también caímos en cuenta en que hoy está mucho más presente el idioma inglés que lo que era antes, y de ahí tal vez su preocupación.

Recuerdo que en la secundaria yo tenía clases de este idioma y siempre me pareció una materia sencilla, aunque la verdad es que no estaba enseñado de la mejor forma y por eso quizá lo pasé tan fácil, pero hoy en día entre esas enseñanzas y mis varias estadías largas en el vecino país del norte, puedo decir que lo hablo en más de un 70%... and that is enough for me, for now.

Pero no fue así siempre, de hecho como les he contado antes, he visitado los Estados Unidos en numerosas ocasiones, la primera de ellas tenía apenas 6 años y la verdad mi conocimiento de la lengua vecina no iba más allá del “yes”, “no” y “Thank you”.

Pues en esa ocasión de un junio lejano andaba yo con mi padre por una tienda, un mini supermercado para ser más exacto, y pues como era temprano y no había mucha gente, él no tuvo problema en darme un par de monedas y dejarme en la zona de videojuegos para que entretuviera mientras hacía las compras, total que iba a ser rápido.

Recuerdo que tome el par de “coras” (como le decían mis tías con las que nos quedábamos allá y que ya algunos años después supe que querían decir “quarters”, o cuartos de dólar) y eché una en la máquina, elegí a mis personajes y me puse a jugar, de la misma forma que hacía en México pero esta vez estaba solo.

No pasó mucho tiempo cuando llegó otro niño, como de mi edad pero rubio, de ojos azules y empezó a verme jugar. Al principio lo ignoré pero luego de un rato me empezó a preguntar cosas, a lo que yo únicamente le decía “yes”, pues no tenía la más mínima idea de qué me estaba queriendo decir.

Lo anterior siguió por al menos 10 minutos, a veces solo asentía con la cabeza pero sin dejar de ver a la pantalla en la máquina, y aquel niño no parecía menos interesado, así que supongo que mis respuestas tenían algo de sentido. Tras un rato pasó una mujer, supongo su madre o alguien cercana, le llamó y se fue diciendo únicamente “ok, see you”. Yo pues seguí en lo mío, hasta que mis habilidades para aquel juego me lo permitieron y terminé perdiendo y agotando mis créditos. 

Para mi sorpresa mi papá ya estaba detrás de mí, esperando a que terminara para podernos ir. De camino al departamento de mi tía le comenté lo que había pasado, a lo que solamente atinó a decir tras una leve risa: “siempre que no te haya dicho, are you gay?, entonces no hay problema”.

No sé porque a todas las personas a las que les contaba la historia tenían más o menos la misma reacción, se reían un poco y lo dejaban pasar. Para mí fue algo importante, vaya, mi primera conversación en inglés, a pesar de que no tenía ni tengo ahora la menor idea de qué estuvimos hablando, pues no recuerdo nada de lo que me dijo aquel niño.

Pasaron muchos años hasta que volví a tener una conversación en inglés que no fuera por motivos escolares. Tenía yo 16 años y esperaba en una fila en un evento de la lucha libre de la WWE, guardaba el lugar para uno de mis sobrinos que quería una fotografía con un cinturón. Una chica que estaba detrás de mío quiso romper el hielo y me preguntó si tenía mucho tiempo ahí, pero lo hizo en inglés.

-How long have you been here?

-About an hour, do you really like wrestling?

Y así continuó por algunos minutos, preguntando por la familia, los luchadores, etc., hasta que por alguna razón la escuché gritarle a su hermano, en español, que se apurara porque ya mero les tocaba.

Me sentí la persona más fantoche del mundo, así que solo me reí y le pregunté si ella era latina o como hablaba tan bien el español. También se río y como que le dio pena, pero por fortuna ese momento incómodo se terminó porque un minuto después fue mi turno de pasar por la fotografía, así que ya solo me despedí y no la volví a ver.

En su defensa, supongo que mi cara de árabe le hizo pensar que si no era en inglés, difícilmente podría hablar conmigo en mi idioma natal. Yo por mi parte no sé porque le seguí la corriente, si ella sí lucía muy latina, pero como la mayoría de los vecinos son chicanos que desprecian el español, pues no me quise arriesgar.

Si me lo preguntan, sí es muy  necesario el inglés, la verdad te facilita la vida en muchos aspectos, sin mencionar la cantidad de puertas y oportunidades que te abre. Es más, hasta esas aventuras triviales que te suceden por azares del destino son posibles por saber otro idioma diferente al nativo.

Por eso es que llevo ya más de dos años practicando varios idiomas en línea, incluso el lenguaje de señas, uno nunca sabe cuándo puedes necesitarlo.

No se burlen mucho de mí, insisto en que pequé de ingenuidad en ese momento.

Eso fue todo esta ocasión, leo sus comentarios en mis redes sociales y en mi correo electrónico que es samuel.ochoa@elpueblo.com, por si tienen dudas, sugerencias o comentarios, con mucho gusto los recibo.

Se despide otra vez, the “regular citizen”. 




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