Valores: libertad, justicia, honestidad y transparencia.
Miércoles, 13 de diciembre del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular LV

2017-04-25 - Samuel Ochoa

Yo era todavía muy joven cuando ocurrieron los atentados terroristas del 11 de septiembre, recuerdo que me alistaba para ir a la secundaria y en la televisión pasaban una transmisión en vivo de un accidente en el Centro Mundial de Comercio en la ciudad de Nueva York. Debo aceptar que no comprendí lo que pasaba hasta que lo escuché de mis maestros, horas más tarde, quienes empezaron a especular de si eso significaba el estallido de la tercera guerra mundial y qué riesgo corríamos nosotros, como fue algunos años atrás con el conflicto del Golfo Pérsico.


Recuerdo bien, lo pasaron a nivel mundial mientras millones de personas veían como un segundo avión se impactaba a propósito en contra de una enorme torre con miles de personas en su interior, una de las más grandes tragedias internacionales y todavía hoy en día hay quien debate la versión oficial, de si en verdad se trató de terrorismo o si fue un montaje del propio Gobierno de los Estados Unidos, para tener la libertad de volver a invadir el medio oriente.

He leído ambas partes, todos con argumentos bastante sólidos, y debo reconocer que hoy en día no puedo asegurar ninguna versión, como sé que la mayoría de los que no han tomado un bando en ese tema pueden hacer. La verdad absoluta al final recae quizá en los protagonistas de aquellos hechos, pero para nuestra mala fortuna la mayoría de ellos ya murieron.

No entraremos en ese debate, pero lo que sí quiero mencionar es que hoy en día es mucho más común que el consenso o la unanimidad en torno a un tema sea imposible, porque ni con toda la evidencia del mundo se puede hacer cambiar de idea a las personas, lo que de cierta manera es bueno porque mantiene esa esperanza leve de que la verdad, la auténtica, salga a la luz algún día, aunque para los demás significa la problemática opositora que no te permite avanzar.

Comenté sobre el 9/11 porque es creo uno de los hechos más polémicos y populares que ponen el ejemplo, pero eso viene ocurriendo desde siempre y en todas partes. Quiero decir, hay quienes dudan de la existencia de Jesús, a pesar de que los años se cuentan a partir de su nacimiento, hay quienes dudan de que los dinosaurios hayan sido reales, incluso hay quien cuestiona si la tierra es redonda (o en su forma de ovoide) y sostienen la teoría de un planeta “plano”.

Recuerdo en una ocasión una situación con unos compañeros de la universidad. Debíamos salir en grupo y como no todos teníamos acceso a un automóvil, varios de los que sí se ofrecieron a llevarnos a todos. Entre los chistes y juegos, en una curva, unas calles más abajo del campus, ocurrió un accidente, un choque leve entre dos de ellos precisamente por estar bromeando al conducir.

En esa ocasión la compañera que, a criterio de todos los que estuvimos presentes en este incidente, tuvo la culpa del choque, que si bien no causó muchos daños sí fue necesario que se les diera mantenimiento a ambos, nunca cambió de parecer respecto a que ella no había sido responsable, sino que “ella iba por su carril y dio la vuelta como le tocaba”.

Tal vez así lo vio, todos los demás le dijimos una y otra vez cómo estuvo su error, incluso señalando las marcas entre ambos vehículos y hasta las llantas marcadas en el suelo a consecuencia del frenado intempestivo del otro coche, y de todos modos no fue suficiente para convencerla de lo contrario.

Por fortuna, eso no impidió que aceptara la culpa ante la aseguradora con tal de que se hiciera cargo de los gastos de la reparación de ambas unidades, y hasta para que fuera más fácil para ella, el otro compañero accedió a pagar parte del deducible.

Hay ocasiones en que habrá ese razonamiento y capacidad de ceder en un conflicto, sin importar la magnitud que sea, pero muchas otras veces la cerrazón impide el acuerdo y que se pueda lograr un beneficio para alguien.

Me refiero a la persistente guerra en medio oriente, a la crisis económica, política y social de nuestro país, a si sirve todavía o no el sistema democrático, a la tendencia de ideologías y lo que sufren algunos países a consecuencia de ello, que si es responsabilidad de Estados Unidos o no lo que sucedió en Cuba y lo que pasa en Venezuela, entre muchas otras cosas.

Es verdad que el mundo respeta la firmeza y las convicciones, y que también quizá es necesario un cambio radical para que las cosas empiecen a funcionar para todos, pero no sería también bueno pensar un poco en lo que nos conviene a todos y saber hasta dónde ceder con tal de que las cosas se pueden hacer, es decir, acceder a pagar ese “deducible” o admitir la responsabilidad a fin de que haya un arreglo, total, de nada sirve salirnos con la nuestra sin al final vamos a tener en contra a todos los demás que no estuvieron de acuerdo desde el principio.

Ya sea en un conflicto internacional o un asunto muy personal, hay que poner en práctica esa empatía y pensar en porqué los demás actúan de cierta forma, y ver en donde está el punto de equilibrio que deje a todos de acuerdo.

Es eso o seguir creando grupos radicales de oposición, pero para como están las cosas en el mundo en la actualidad, uno más y el vaso ahora sí va a desbordar.

Sigo leyendo sus dudas y comentarios, me gustaría saber qué es lo que no se creen todavía y qué esperan que se acepte pronto, ¿estamos todos equivocados acaso? Recibo sus aportaciones en samuel.ochoa@elpueblo.com y en @rockydriller en mi cuenta de Twitter.

Se despide el ciudadano regular. 




Comenta con tu cuenta de Facebook