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Jueves, 23 de noviembre del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular LIII

2017-04-11 - Samuel Ochoa

El liderazgo es una cualidad muy valorada hoy en día, en cualquier organización que implique el manejo de muchas personas, incluso a través de internet, porque aunque se tengan las mejores ideas y las mejores estrategias, hacer que los demás las sigan no es simplemente cuestión de desearlo.


Diría que no cualquiera pero la verdad es que no es tan complicado, aunque reconozco que hay algunas personas que tienen una especie de don natural, los cuales terminan moviendo masas a nivel mundial, pero en los grupos pequeños, esos que importan todos los días, los líderes surgen ante la apatía o vergüenza de los demás.

Es real, en serio, lo he visto tantas veces que hasta pareciera sistemático. La más reciente fue cuando entrevistábamos a un “cabecilla” de un grupo de trabajadores en la localidad, mismo que se volvió vocero y líder de sus compañeros para causas bastante fuertes, ya que reclamaban sueldos caídos, prestaciones no entregadas y condiciones laborales injustas, pero él mismo reconoció que la razón de encabezar a este grupo era “porque nadie más había querido”.

Eso sí, ser el líder de ellos implicaba poner la cara y echarse al lomo más responsabilidades sin beneficios extra, pero el reconocimiento venía de la mano, aunque es obvio porqué nadie quiso agarrar este puesto.

Algo parecido me ocurría con mis amigos del barrio en mi, ya no tan cercana, infancia. Mis amigos seguían las modas que cualquiera adoptaba precisamente por esa falta de liderazgo y ganas de hacer las cosas. Así una semana estaban todos jugando el mismo videojuego que yo, mientras a la otra andábamos en el mismo lugar porque uno de ellos había sugerido que “estaría divertido”.

De hecho ahora que lo pienso nunca hubo un líder claro, y si acaso distingue alguno de nosotros por haber sido el que más ideas aportó para que la convivencia no fuera monótona y aburrida, pero por esa misma incomodidad social que destacaba de entre todos, cualquiera pudo haber sido el líder y que ahorita tuviera la capacidad de convocatoria, pero desafortunadamente eso nunca ocurrió.

Pero me puedo seguir con los ejemplos. Hay un personaje que hoy en día en mi localidad es como el “enemigo público número 1”, uno de los más buscados y quién sabe si para cuando alguien esté leyendo esto ya lo haya capturado la justicia, o siga oculto porque dentro de “todo lo bueno que hizo”, se pasó con lo malo.

No seré el más conocedor, pero por lo que dice la gente y los conocidos de conocidos, porque claro, en un lugar provinciano como es la “Villa Regular”, los 6 grados de separación son quizá 2 o 3 máximo, así que es muy común que todo mundo se conozca. Pues con esta referencia pude saber de primera mano que la persona de las que les comento, a lo largo de su vida siempre careció de ese liderazgo nato, es más, se le reconocía por ser bastante retraído y callado, de esos que hacían lo que los demás pedían.

De algún lado sacó esa personalidad, que llegó un punto en que todo el trabajo hecho durante los últimos 20 años le sirvió para escalar posiciones políticas y sociales, al grado de que llegó a tener tanto poder que era raro el que se atrevía a ponerse en su contra.

Lo malo es que el poder político es efímero y fugaz, y la única forma de conservarlo es si no se lo restregaste en la cara a cuantas personas pudiste, pero vamos, es poder y “el poder es para poder, y no para no poder”.

No estoy descubriendo el hilo negro ni tampoco los estoy exhortando a que “todos seamos líderes”. La sociedad necesita engranes en todas partes y por ello no puede haber solo piezas centrales, pero sí estoy dejando en claro que cualquiera puede ser un líder, siempre y cuando esté dispuesto a hacer ese esfuerzo adicional.

Claro que no todo es malo, estar a la cabeza de una organización, sea la que sea, tiene sus ventajas también y por eso hay quien está dispuesto a todo con tal de posicionarse ahí. Pero si lo anterior requería de echarle ganas, aquí es necesario multiplicar eso varias veces y además saber ceder lo suficiente hasta que otros estén dispuestos a dejarte el poder en tus  manos, porque confían en que “tú eres el más indicado para ello”.

En mi caso muy personal, aunque técnicamente estoy en uno de los “engranajes centrales”, siempre he tenido cierta renuencia a ello por eso que comentaba atrás, pena y miedo a equivocarse estando en donde todos pueden verte, pero también  me gusta resaltar y que se me reconozca cuando hago las cosas bien.

Pero si no se puede, entonces me gusta creer que habrá alguien que sepa hacer las cosas mejor que yo y que me enseñará cómo, para que yo pueda reconocer ese liderazgo real que es el que puede cambiar al mundo. Tal vez y me anime más delante, no me cierro a esa posibilidad.

A ustedes, ¿les gusta liderar o ser liderados?

Los leo en sus comentarios, mismos que agradezco muchísimo, en mi correo samuel.ochoa@elpueblo.com así como en mis redes sociales @rockydriller y F/smloc para quien desee contactarme.

Se despide el ciudadano regular. 




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