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Viernes, 20 de octubre del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular XLIX

2017-03-14 - Samuel Ochoa

Vivimos en una sociedad llena de reglas implícitas que se supone todos debemos cumplir, o al menos ajustarnos a ellas lo más parecido para que nuestra vida tenga éxito, o algo así.


Entre ellas está lo que uno debe hacer conforme a los estándares sociales, que incluye estudiar, conseguir un empleo, formar una familia, formar un hogar, encontrar la felicidad en ello y retirarte después de 30 o 40 años a disfrutar de la vejez, viendo como el ciclo se repite y se repite. Es el modelo básico.

Pero hoy en día cada vez hay más gente que no sigue esa línea, que prefiere tomarse su tiempo y hacer otras cosas, porque de lo único que estoy seguro y que me ha quedado muy claro a mis ya no tan cortos 28 años, es que al final todo te parecerá que habrá pasado tan rápido, que te habría gustado tener un poco más de tiempo para disfrutarlo.

Ya lo decía no hace mucho, la vida no siempre es un lecho de rosas, te topas con muchos retos y calamidades que parecen difíciles de superar, pero después de que todo pasa no nos acordamos de cómo nos sentíamos en ese momento, o qué pasó exactamente para que pudiéramos superarlo, sino solo de esos momentos claves que definieron lo que sucedió después.

Aplica para todo, incluidas las etapas felices.

Esto lo digo porque, si bien es cierto que no estamos seguros de sí viviremos hasta los 60 o más, muchas veces creemos que si no hacemos algo pronto, durante la juventud o antes, después será demasiado tarde para intentarlo y lo único que nos quedará será un cúmulo de frustraciones, por ello tienes que apresurarte a vivir al día y disfrutar de lo que tienes.

No necesariamente tiene que ser así, o al menos me consuelo pensando en ello porque recién pasaron mis 27 y no siento que haya hecho algo “legendario”, pero también es imposible para mí unirme ya a ese club, total que no tengo prisa en detenerme ahora.

Pero a lo que iba, eso de las reglas sociales y modelos que debemos seguir son solo ejemplos que son comunes, pero no implica que estemos obligados a adoptarlos. Vivir a su tiempo, a su modo, de la forma en mejor te parezca, no importa si es fácil o difícil pero que sea algo con lo que cada quien pueda, esa es realmente la clave.

Recuerdo a un compañero de universidad, muy interesante él, serio pero divertido, inteligente pero ávido de aprender, nunca nadie pensó que él tenía ya 30 años de edad al momento de que comenzó a estudiar la carrera.

Sus razones tuvo, se dedicó durante los 12 años posteriores a que terminó la preparatoria a trabajar, viajar, conocer, formarse y hacer muchas otras cosas que él consideró necesarias y prioritarias, antes de querer hacerse de un diploma que lo acreditara como licenciado, y a su vez lo diferenciara de cerca de dos terceras partes de la población que no pueden culminar una carrera universitaria.

Estoy seguro de que si le preguntan, lo volvería a hacer todo en el mismo orden.

Y su caso no es único ni el más extremo, ya hemos visto en internet o en los noticieros a personas de hasta 90 años que entonces se animan y logran titularse como ingenieros, licenciados, maestros o doctores inclusive, la única limitación es la que el cuerpo nos ponga.

Pero no tiene que ser solo en el estudio, conozco a otra persona que vivió toda su vida de una forma y ya pasados los 30 descubrió que en realidad eso que hacía nunca le gustó, y a pesar de que le costó muchísimo trabajo aceptarlo, finalmente reconoció lo que sentía y hoy lo veo pleno y feliz. Sí, hablo de preferencias sexuales.

Con sus respectivas excepciones, claro. No puedo pensar yo en convertirme ahora en futbolista profesional porque la verdad es que la competencia es muchísima, mi capacidad física es muy limitada, y por lo regular la productividad de un deportista de esa categoría empieza a mermar a partir de los 30, además de que antes de mí hay al menos 2 o 3 millones de jóvenes mucho más talentosos que quieren hacer lo mismo. Aunque eso no me quita el sueño.

Sin embargo, no es tarde para pensar en estudiar otra carrera, en mudarse de casa, cambiarse el estilo, conocer gente nueva, aprender algo diferente, o lo que sea que se nos ocurra. Ya lo decía al inicio, al final siempre habremos de pensar que el tiempo pasó demasiado rápido, así que de lo único que no te debes arrepentir es de no haberte animado a hacer lo que te gusta.

Eso sí, no se olviden de que tienen obligaciones, de que hay gente que depende de ti y de que antes de “echar la casa por la ventana” y vivir tus sueños, hay que pensar en las consecuencias de tus actos y saber que no estás limitado, pero que hay que prever que de cierta forma que hay que tener suficiente control en tu vida antes de dar el siguiente paso.

Tomando en cuenta lo anterior, entonces hay que hacer esa evaluación de vida, pensar en qué quieres e imaginarte en 30, 40 o 50 años, imaginar qué recuerdos quieres que te lleguen a la memoria y qué historias son las que deseas contar, y saber que esas historias se tienen que empezar a construir ahora.

Lo más importante, nunca es tarde para empezar de nuevo.

Gracias de nuevo por acompañarme en esta lectura, y también muchas gracias por sus palabras, críticas, sugerencias y opiniones que me hacen llegar por todos los medios, pero principalmente en @rockydriller en Twitter y en mi correo samuel.ochoa@elpueblo.com desde el cual contesto todo lo que me escriben, en serio.

Se despide de nuevo el ciudadano regular. 




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