Valores: libertad, justicia, honestidad y transparencia.
Domingo, 23 de julio del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular XLVIII

2017-03-07 - Samuel Ochoa

“Me levanté con el pie izquierdo, pero desde el primero de enero y no me he enderezado”, pensaba el otro día por la serie de eventos desafortunados que he experimentado en el 2017, aunque a pesar de eso no se me quitan las ganas de ponerle buena cara a la vida, porque dentro de lo que cabe me sigue yendo bien.


Sin embargo, tampoco me las doy del súper positivo y entiendo que tener sentimientos es normal, incluso aquellos que no nos gustan, como el enojo o la tristeza, porque son necesarios para sobrevivir y aprender de los retos que se nos presentan a diario en esta experiencia maravillosa que se hace llamar vida.

Porque no a todos nos gusta que nos roben, que nos mientan, que se nos carguen las responsabilidades, que nos pidan más de lo que podemos dar y que a cambios nos den menos de lo que creemos merecer. La vida no siempre es justa y se vale manifestarlo, demostrar la inconformidad que sentimos pero siempre y cuando estemos dispuestos a hacer algo para cambiar, no solo cargarse de mala vibra por todo eso.

Escuchaba a un actor decir que “hay lágrimas que necesitan ser lloradas, enojos que necesitan ser gritados, así como todos esos momentos que merecen disfrutarse”, porque las emociones son parte de nosotros, y también son como la comida que uno guarda en el refrigerador, si las escondes y te olvidas de ellas, terminarán por echarse a perder dentro de ti, al punto que cuando las intentes recuperar ya no sean saludables para nadie.

Sin embargo hay que reconocer que es una tarea difícil aprender a dejarse sentir, porque muchas veces creemos que tenemos que ser fuertes siempre y hacerle frente a los restos con la mejor actitud. Resulta que también eso es imposible, pero no por ello tenemos que sentirnos malas personas.

Me imagino por ejemplo a Ricardo Ferreti, el conocido ex futbolista brasileño y entrenador desde hace varias décadas, cuyos logros deportivos le han traído numerosas alegrías, pero en que nadie lo imagina a él sin las rabietas que hace durante los partidos o entrenamientos.

¿Se imaginan que los textos de Edgar Allan Poe hablaran de felicidad? Quizá tuvo sus excepciones, pero la gente lo conoce más por esa oscuridad den sus historias que por cualquier otro género. Las emociones son necesarias, pues.

Lo importante después de todo es saber canalizar esa energía en algo que te sirva, porque también es real que la gente que se enoja mucho tiende a sufrir afecciones cardiacas con mayor frecuencia, o que aquellos que se la pasan deprimidos ven mermadas sus defensas y están expuestos a muchas otras enfermedades, así que si no queremos sentirnos bien solo por orgullo, al menos hay que hacerlo por salud.

Pero decía que es complicado, no siempre podemos verle el potencial a algo, de hecho hay ocasiones en que la sensación es tan grande que realmente es una tarea titánica el sacarle provecho a ello, pero de todo lo malo se aprende, eso también es una realidad.

Eso pensaba ahora que veía por tercera ocasión que intentaban robar mi casa, aunque por lo menos ya había aprendido desde la primera vez que tener alarma y monitoreo nunca está de más, ahora sé que es buena idea no dejar las cosas valiosas a la vista.

Con lo anterior me refiero a que no todo lo malo tiene algo bueno, o que lo negativo pasa por alguna razón, sino que simplemente son los errores los que nos enseñan a ser mejores, y que la perfección es algo que se obtiene tras muchos intentos y fallos, ya que pocas veces la vemos aparecer a la primera.

Así que en el próximo accidente o tragedia, hay que dejarse sentir, enojarse, llorar, frustrarse, decepcionarse, preocuparse o lo que sea, pero tomar toda esa emoción y usarla como empuje para que nos sirva de algo, total que la vida no va a esperar a que nos sintamos mejor para seguir adelante, la tenemos que alcanzar en algún momento.

Pero va una vez más, no tengan miedo de sentir, es muy justo y necesario dejar que las emociones salgan por sí solas y nos muestren tal como somos. Sin dar explicaciones, tómate tu tiempo para sentirte todo lo molesto, triste, feliz o cualquiera que sea el estado de ánimo y acepta esa humanidad que a fin de cuentas es lo único que compartimos con el resto del mundo.

Al final del día, o de la vida, hasta risa nos va a causar todo lo que pasó por nuestra cabeza en determinado momento, pero teníamos que sentirlo para que las cosas terminaran bien.

Siéntanse libres de expresarse pues, yo por ahora me despido y los sigo leyendo en samuel.ochoa@elpueblo.com y en @rockydriller en donde les agradezco de verdad mucho todo lo que me escriben y comentan.

Se despide otra vez el ciudadano regular. 




Comenta con tu cuenta de Facebook