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Domingo, 28 de mayo del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular XLVI

2017-02-20 - Samuel Ochoa

Lo más que pasan los años, me queda muy claro que hay una sola persona con la cual de forma casi irónica, cuesta mucho trabajo ser sincero pero a la vez es imposible engañar, y ese es uno mismo. Creo que esto ya lo he mencionado en reiteradas ocasiones en este mismo espacio, pero es algo que me gusta afirmar.


Lo más difícil de todo es aceptar los sentimientos reales, porque pensamientos e ideologías pueden cambiar de un momento a otro, pero los primeros son más complicados. Lo sé porque lo he vivido, no lo estoy diciendo a lo loco.

Ya les había comentado antes que el señor Regular quería ser médico cuando era joven, imaginado siempre con su bata blanca, en una sala de hospital, reconocido por todos por sus enormes contribuciones a la sociedad, salvando vidas y marcando la diferencia, dejando su huella en la sociedad, porque si hay algo a lo que le tengo mucho miedo es a no trascender.

Pero el problema es que nunca me vi en un quirófano abriendo gente, ni aprendiéndome los nombres de todos y cada uno de los huesos y músculos que tiene el cuerpo humano; nunca planee el proceso y ese fue quizá el mayor obstáculo al encontrarme ya en el principio de esa carrera. Lo cierto es que nunca lo quise, pero me dolió hasta el alma tener que aceptarlo y reconocer que lo mío estaba en otra dirección, y tuve que empezar de cero una vez más.

También se torna complicado el hecho de que en ese convencimiento de lo que tú crees querer, muchas veces terminas convenciendo también a los demás de que tu destino estaba trazado de cierta forma. Por eso después de cambiar de opinión y pensar en estudiar Ciencias de la Comunicación en vez de Medicina, me topé no una sino muchísimas veces en que amigos o conocidos me decían “es que yo sí te veía de médico”.

Todavía lo escucho una que otra vez, pero ya no me revuelve el estómago cuando lo oigo por tener que dar explicaciones, estoy feliz con mi decisión y si bien  me ha costado trabajo salir adelante, no me puedo quejar.

Vengo con esta historia porque hace poco me tocó ser ahora yo el que escuchaba a un amigo sincerarse respecto a lo que en verdad quería. Lo doloroso de su caso es que él pasó todo un proceso y estuvo intentando vivir de eso por mucho tiempo, hasta que con un gran dolor y peso en sus hombros, aceptó que eso no era lo que en realidad quería. Hoy tampoco lo sabe, pero al menos ya se quitó eso de encima y se le ve más feliz.

También todos hemos visto las numerosas historias de hombres que en realidad son mujeres, pero después de vivir toda una vida “disfrazados” de varones, aceptan ya después que por dentro son alguien más, y empiezan esa etapa de transformación que al final tiene el resultado más importante, su felicidad.

Y siempre será entonces un reto, es en serio que nos repetimos tanto la misma idea que empezamos a creer que es lo correcto pero no, en especial cuando se trata de una decisión tan importante.

Que si qué quiero hacer, a donde quiero ir, con quien quiero estar, cómo lo voy a lograr. Las respuestas no son tan simples y requieren de una introspección muy profunda, porque está en juego la felicidad, y eso es lo único que nunca debe apostarse.

Podremos arrepentirnos de muchas cosas, de lo que hicimos o lo que dejamos de hacer, de las cosas que evitamos o las que se nos pasaron por no poner atención, pero jamás te arrepientes de haber elegido ser feliz.

El ejercicio tiene que empezar con uno mismo, sentarse y reflexionar si disfrutas lo que haces y cómo lo vives. Con qué sueñas y hasta dónde podrías llegar con tal de lograrlo. ¿Te da para vivir o es simplemente una idea loca? Todo se vale en este tipo de dinámicas, con la única condición de que seas muy honesto, y que cualquier pequeña duda que se meta entre tus pensamientos signifique desechar por completo esa idea, porque no lo deseas en verdad.

Creo que ya le di muchas vueltas, también aplicando mi otra ley de vida, “la excepción”, sé que hay muchas personas que no pueden simplemente dejarse soñar porque ya tienen encima tantos compromisos y gente que depende de ellos, que les cuesta mucho más trabajo ser felices con lo que tienen, pero vaya, hasta ellos encuentran el equilibrio en su vida en algún momento, ¿a los demás qué nos detiene?

Los invito entonces a que hagan ese ejercicio, que no teman sentir y dejar salir esas ideas que han estado dando vueltas en la cabeza. Es decir, lo peor que pudiera pasar es que te equivoques y debas empezar de nuevo, ¿pero qué acaso no es eso para lo que estamos en este mundo?

Hasta aquí por esta semana, les agradezco de nuevo sus lecturas, los sigo leyendo en mi correo samuel.ochoa@elpueblo.com y en @rockydriller en cualquiera de mis redes sociales.

Se despide el ciudadano regular. 




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