Carlos Jaramillo Vela

La columna

2018-08-07 - Carlos Jaramillo Vela


• Donald Trump: sin prudencia y sin freno.


 
Es evidente, a estas alturas del ejercicio del mandato de Donald Trump, como Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, que el suyo será el gobierno más cuestionado en términos de diplomacia, y su persona la menos popular, entre todas las de los mandatarios que hasta ahora han ocupado el honroso puesto que aún ejerce el magnate inmobiliario. La reciente discusión mediática y de redes sociales, en la que el controversial Trump se involucró al hacer mofa de LeBron James, jugador estrella de los Lakers de Los Ángeles, es otra muestra de la serie de desatinos en los que el presidente estadounidense ha incurrido durante el desarrollo de su mandato.
 
El polémico mandatario criticó a través de un tuit una entrevista recientemente efectuada a James, pues dijo: "LeBron James fue entrevistado por el hombre más tonto de la televisión, Don Lemon. Hizo que LeBron pareciera inteligente, lo cual no es fácil de hacer.” Por su parte, el astro del deporte, tuiteó: "El Presidente no entiende el poder que tiene ser el líder de este hermoso país". "¡Ir a la Casa Blanca fue un gran honor hasta que apareciste!".
 
No es la primera vez que el presidente Trump, de manera impertinente, se mete al ojo del huracán. La peligrosa provocación hecha al líder de Corea del Norte, cuyo desenlace pudo llegar a un conflicto armado de grandes proporciones; la irreverente inobservancia del protocolo real, en el reciente encuentro con la Reina Isabel de Inglaterra; y la abierta política discriminatoria, sostenida contra los latinos, y particularmente en perjuicio de los mexicanos; son aspectos que demuestran la errática conducción que hoy adolece la otrora sagaz política exterior norteamericana. 
 
Aunque estos asuntos no resultan nada favorables para la imagen internacional de Estados Unidos, ni de quien representa a esa nación –Trump-, se circunscriben en el ámbito de la agenda pública o de Estado, sin embargo, el enfrentamiento personal del Presidente, en un debate contra un ciudadano –en este caso una figura del baloncesto-, constituye un garrafal descuido de las formas, que coloca, en una posición inapropiada para su investidura, al Jefe de Estado norteamericano.
 
El origen de tan desacertado desempeño no es más que la carencia de sentido común -y de asesoría en materia de inteligencia política-, que durante los dos últimos años se ha apoderado de la Casa Blanca. La Presidencia de los Estados Unidos, ejercida por Donald Trump, parece haber tomado el camino de la imprudencia, y no hay indicios de que alguien sea capaz de ponerle freno.



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