Carlos Jaramillo Vela

La columna

2019-09-09 - Carlos Jaramillo Vela

Loret de Mola: al amparo de un imperio periodístico.
Caos vial: el emblema de Chihuahua capital.


 

Ha aparecido en medios de comunicación la noticia de la contratación del periodista mexicano, Carlos Loret de Mola, por el diario estadounidense The Washington Post, que junto con los diarios New York Times y Wall Street Journal ocupa los primeros sitios de influencia y popularidad en aquél país. Como se sabe, apenas un par de semanas antes Loret acababa de ser cesado de la titularidad de los noticieros del consorcio mexicano, Televisa, en medio de fuertes rumores que atribuyen a sus frecuentes críticas al presidente Andrés Manuel López Obrador, el motivo de su sorpresiva salida de ese emporio televisivo.

 

Si en televisa Loret tuvo durante largo tiempo amplias facilidades para ejercer su derecho a la libertad de expresión, lo cual hizo a través de una censura manifiesta hacia el actual jefe del Estado mexicano, en el Washington Post -de tendencia liberal y pluralista- sus libertades para fiscalizar el desempeño del actual gobierno de México y de su titular serán ilimitadas. A diferencia de nuestro país, en Estados Unidos los periodistas son prácticamente invulnerables ante la posibilidad de ser objeto de “vetos políticos”. Con su llegada a dicho diario norteamericano, la carrera de Loret De Mola -cuyo primer artículo bajo el nombre de esa prestigiada casa editora se titula “AMLO: el hombre-estado que no ha cambiado a México”-, se ha colocado al cobijo de un imperio periodístico.

 

La ciudad capital del estado de Chihuahua, importante centro urbano, industrial y de servicios, situada entre las principales del país en virtud de su modernidad y la calidad de sus servicios -entre los que destacan medicina, hotelería, gastronomía, educación superior, finanzas, etc.- vive hoy una seria problemática vial, que se ha venido acentuando en los recientes años ante la indiferencia gubernamental. La marcada asincronía del sistema de semáforos existente en prácticamente toda la mancha urbana, es uno de los lastres que a diario enfrenta el tránsito vehicular en su circulación por las vialidades citadinas.

 

De manera irónica, los semáforos, cuya función es ordenar y hacer fluido el tránsito de automóviles y camiones por las calles de la ciudad, se ha convertido en el principal obstáculo para los conductores de vehículos. Resulta no solo necesario, sino urgente, que el área de Ingeniería de Tránsito, de la Policía Vial, sincronice los semáforos de la red de vialidades, pues además de las demoras e incomodidades que su deficiente operación genera en la actualidad, la disfunción de tales aparatos es en no pocas ocasiones causa de accidentes que llegan a implicar graves pérdidas humanas, lesiones y/o daños materiales.

 

Como agravante del problema vial se suma la indebida obstrucción de los carriles de circulación, lo que con frecuencia suelen hacer todo tipo de vehículos de traslado y distribución de diversas mercancías e insumos -tales como refrescos, cerveza, comestibles, medicamentos, muebles, etc.-. Es común ver a quienes conducen estos medios de transporte detener el tráfico de automóviles, al estacionarse en carriles de circulación contiguos a los establecimientos donde descargan y entregan sus mercancías, con el consecuente entorpecimiento y riesgos para el tránsito automotriz, que tiene que soportar las molestias y el peligro ocasionados por tales maniobras de descarga, a todas luces ilícitas y arbitrarias, hechas a cualquier hora del día y con la permisividad de los agentes viales. Para desventura nuestra, y ante la indiferencia de la autoridad, el caos vial se ha convertido en el emblema de la capital chihuahuense.




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