Carlos Jaramillo Vela

La columna

2019-02-14 - Carlos Jaramillo Vela

• Fernández de Cevallos vs. AMLO: la derecha y la izquierda no se juntan.
• Eloy García Tarín: otro sensible retiro del PRI.


 
 
Desde el inicio de la gestión presidencial de Andrés Manuel López Obrador, actual mandatario nacional de México, emanado de la izquierda (MORENA), éste a sido cuestionado por miembros del derechista Partido Acción Nacional. Incluso, la cúpula panista ha desplegado estrategias mediáticas tendientes a minar la credibilidad respecto a las intenciones del nuevo titular del Poder Ejecutivo, pretendiendo poner en entredicho su actuación mediante un intento por comparar su perfil con el de los líderes de algunos regímenes dictatoriales, como el del controvertido Nicolás Maduro, actual presidente de Venezuela.
 
En días recientes, quien se lanzó fuerte contra López Obrador ha sido el conocido militante y ex candidato presidencial panista, Diego Fernández de Cevallos, cuyas duras expresiones vertidas en torno al Presidente fueron agudas, pues lo calificó de “Rufián con poder”, debido a la supuesta intervención del Ejecutivo en la proposición de una terna de candidatas afines a él y a su partido –MORENA-, para ocupar un cargo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
 
Pese al contenido ético y político que pueda tener la argumentación lógica, esgrimida por Fernández de Cevallos al cuestionar la supuesta “operación política” mediante la que el titular del Poder Ejecutivo intenta incidir en el Poder Judicial trastocando el principio jurídico-político de la división e independencia de poderes, lo cierto es que históricamente la SCJN, en nuestro país, se ha visto influida por consideraciones de tipo político, tanto durante los gobiernos del PAN como del PRI, y al parecer esto también tiende a suceder en el actual ejercicio de gobierno conducido por MORENA. No menos verdadero resulta que, en virtud de sus marcadas diferencias esenciales de índole ideológica, la derecha y la izquierda no comulgan… y muy pocas veces se juntan.  
 
La reciente renuncia del ex-diputado local chihuahuense, Eloy García Tarín, al Partido Revolucionario Institucional, es, como otras que formal y/o materialmente se han registrado, una pérdida para la institución. Durante los últimos meses algunos ex-presidentes seccionales, ex-militantes, ex-dirigentes, ex-candidatos, ex-funcionarios y ex-legisladores -como es el caso de Eloy García- se han retirado de las filas tricolores para abrazar otros proyectos políticos, significando, tales renuncias, bajas que no pasan desapercibidas. 
 
En política la materia prima se constituye por la participación de las mujeres y los hombres, quienes con sus personales habilidades, y desde sus particulares posiciones, en forma voluntaria deciden comprometer sus esfuerzos y su militancia en torno a una causa pública. Por ello, es imposible desdeñar las bajas que el priismo ha sufrido mediante el retiro de varios de sus militantes, líderes de seccionales, dirigentes y ex-representantes populares, todos ellos, en su tiempo, modo y circunstancia, contribuyeron a afianzar la popularidad y fortaleza que durante una prolongada época caracterizó a la institución que les abrió sus puertas y les brindó oportunidades.
 
Hoy ha sido Eloy García Tarín, ayer fueron Javier González Mocken, Víctor Valencia de Los Santos, Zulema Rentería, Teokali Hidalgo, Marco Quezada, Miguel Ángel González, Francisco Salcido, así como otras y otros militantes; ¿quién será mañana?, aún no se sabe, sin embargo, el PRI es una de las instituciones políticas con mayor arraigo y tradición en México, en cuyas filas han militado y se han formado ideológicamente miles de mujeres y hombres. Es innegable una de las facetas de la historia del PRI, que lo muestra como cantera de la que ha emergido un considerable número de mujeres y hombres que han resultado ser actores políticos trascendentes. Incluso, Andrés Manuel López Obrador, actual presidente de México, inició su carrera política y obtuvo sus bases ideológicas en las huestes del PRI, en el cual militó y fue su dirigente estatal en Tabasco, participando 13 años en este partido, desde su afiliación en 1976, hasta su renuncia al mismo, en el año 1988.



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