Sergio Armando Castillo

¿Al fin un primer mandatario, de verdad?

2018-12-04 - Sergio Armando Castillo


“Los candidatos opositores gozan en el cielo; los gobernantes sufren en la tierra”
Por lo pronto el 1 de diciembre pasado, todo sucedió distinto, emotivo, esperanzador, como nunca antes en un relevo presidencial…



Acompañado de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, López Obrador fue purificado con hierbas e incienso y la puesta de flores por los sacerdotes, al tiempo que le colocaron un “dije’’ sobre el cuello y giraron sobre los cuatro puntos cardinales en señal de saludo para que haya armonía cósmica.
Fue un momento expectante ante el silencio de los miles de asistentes que seguían a detalle la ceremonia de los chamanes.
“Sirva para usted mandar obedeciendo al pueblo; tenemos mucha esperanza de que México vivirá a partir de hoy una transformación en la que los 68 pueblos presentes venimos a decirle: aquí está el Bastón de Mando, el símbolo que con el usted conducirá a nuestro pueblo, siempre y cuando queremos recordarle: queremos ser tomadas y tomados en cuenta en los planes durante estos seis años’’.
El Bastón de Mando es el símbolo que se entrega a la autoridad de los pueblos originarios al recibir un mandato. Aquel que lo recibe se responsabiliza de servir con empeño y honestidad. López Obrador es el Primer Mandatario en la historia del país en recibirlo.
López Obrador regresó a Palacio Nacional tal como salió, en medio de saludos, abrazos y besos de los miles asistentes que hacían lo imposible por saludarlo de mano; otros ondeaban banderines con la figura del tabasqueño, que sonriendo no escatimaba su cariño luego de bajar del temple hecho de hojas de maíz.
Fue un festival cultural convertido en una verbena popular, donde cientos de personas se reunieron para festejar la unción de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México.
Gentes de todas partes y de todas las clases esperaron pacientemente el saludo de su presidente y ondearon fervientemente los banderines con la imagen de López Obrador.
No fue la aclamación por donde paso el vehículo presidencial, no fueron aquellos papelitos picados que desde los balcones eran lanzados a los priistas cuando asumían el cargo de Primer Mandatario en sus mejores épocas de gloria.
Una transmisión de poder de Felipe Calderón que se convirtió en zafarrancho al interior del Salón de Pleno; y de Enrique Peña Nieto con manifestaciones violentas al exterior del recinto.
Con López Obrador, tras dos intentos fallidos por buscar la presidencia, la gente se volcó al festejo, con una transición de terciopelo sin manifestaciones ni estridencias.
Y mientras la verbena afuera, al interior de Palacio Nacional Andrés Manuel López Obrador ofrecía una comida a sus invitados internacionales, con un menú de ensalada con calabazas criollas en cama de pipián; una crema de huitlacoche; costilla en salsa axiote, con esquites y molote de plátano; y para terminar dulce de calabaza de castilla con crema montada de vainilla y garapiñados. Para amenizar música clásica: Sobre las Olas, Huapango, Alejandra, México en la Piel, Minueto, Balajú, Siete Leguas, Las Alteñitas y Mi Ciudad, entre muchos otros símbolos y eventos propios de la cultura mexicana original.
Será el gobierno de AMLO el sexenio de un mandatario que como la palabra lo indica, acatará, como nunca antes, el mandato de los ciudadanos, o solamente un simbolismo de forma, sin fondo ni sustento? Ya lo veremos…




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